Escupiendo palabras

No me importa lo que pienses, lo que digas, lo que hagas porque todo me da igual...

Wednesday, October 18, 2006

Lluvia...

Su mundo nació aquel día en que la casualidad le tendió una mano. Llovía a cántaros, y él esperaba en un portal a que la tormenta amainase para volver a su casa. Ella llegó corriendo, saltando entre los charcos. Estaba empapada, y bucles de pelo húmedo le caían sobre la sonrisa. Él la miró y sonrió a su vez, sin decir nada.Se quedaron juntos, en silencio, viendo caer la luvia. Hacía frío, y ella comenzó a temblar. Sin pensarlo, él le pasó un brazo sobre los hombros, y sus miradas se encontraron. Al instante apartaron la vista, y volvieron a contemplar la calle mojada, pero ya ninguno de los dos podía negar lo que había visto en los ojos del otro.Así permanecieron largo rato, abrazados en silencio, corroídos por el miedo de que una palabra equivocada pudiese destrozar aquel frágil momento. Él la apretó un poco más, mientras el sonido de la lluvia se llevaba sus miedos y sus tristezas. Los minutos pasaron por las calles convertidas en ríos sin mirarlos siquiera, sin desvanecer aquel instante congelado, hasta que dejó de llover.Luego vino un café, y después vendría otro, y una cena, y un cine. Y un desayuno y alguna que otra merienda. Y el tiempo, piadoso, siguió pasando sin mirarlos a la cara durante meses, sin romper aquella ilusión que se había forjado bajo la lluvia.Y en mitad de aquel sueño, él fue construyendo pequeños castillos de arena y esperanza, a los que poco a poco fue añadiendo torres, ilusiones y contrafuertes. Y bosques enteros florecieron en el corazón de ambos, regados por la lluvia que los había hecho posibles.Sin embargo, de algún modo, llegó el verano y el viento barrió las nubes. La lluvia cesó, y los corazones se fueron secando y agrietando. Y el tiempo, que tan compasivo había sido con los amantes, decidió que era el momento de recuperar todos los minutos que le habían robado, todos esos momentos que habían estirado cada vez que estaban juntos.Y ella se fue con la última nube, empujada por su propio viento, y los castillos comenzaron a envejecer. Se llenaron de cuervos, y la piedra se fue agrietando hasta convertirse de nuevo en la arena con las que los había creado. Las torres fueron cayendo, una a una.Y el mundo se derrumbó.

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