En el fondo creo que siempre tuve, tengo y tendré una vertiente de mujer antigua, y esto, así dicho transporta rapidamente a la imagen de un ser anticuado y añejo anclado en creencias pasadas de moda, pero no, no se trata de nada de eso. Se trata de aquellas señoras de otras épocas que creían en valores como la honestidad, la lealtad o la palabra. Siempre he querido creer en la justicia poética, aunque realmente no exista nada de eso. Nadie va a obtener lo que merece, la vida te dará menos o más, algunas veces en consonancia con lo que eres y has vivido, otras veces estarás a años luz de lo que creiste justo para tus méritos. Por ser mala no me va a caer una maceta desde un quinto piso en la cabeza, ni por ser buena voy a conseguir ser feliz con el chico que beso en mis sueños. Si esto existiera, habría personas que estarían, por méritos propios "condenadas" a vivir en felicidad. Porque un día se empeñaron en que por la vida hay que ir con el corazón, haciendo lo que realmente les apetece sin hacer daño, pero sin dejarse pisar por nadie. Como buenos ingenieros, construyeron su propio camino hacia su sueño ladrillo a ladrillo, trabajaron a destajo sin importarles que fuera nieve, llueva o haga un día soleado. Creyeron en lo que hicieron y un día, cuando ya la lucha se convierte en costumbre, levantaron la cabeza y vieron todo construido. Por el camino no perdiste humildad, honestidad ni muchos menos lealtad hacia tí mismo o hacia los tuyos. Te llamaron loco y muchas cosas más, pero hoy estás aquí. Pues eso le ha pasado a Leo Jiménez. Empezó hace años "peleando a la contra" de todos, más salmón que Calamaro, solo y con la honestidad por bandera. Ahora está solo en un camino que nadie se atrevió a emprender, ni siquiera los más grandes, y, como los más grandes, ahora tiene mi admiración y respeto. Y, joder, a parte es que me encanta su música. Por eso, y por mucho más creo que Él y "Sentimientos", su último disco con Stravaganzza, merece una mención aquí, aunque no sea más que un vulgar journal de una más de sus amigas. Y también su disco merece escucha, porque lo que hay dentro es de mucha, muchísima clase.
"Ya ves, todavía me envenenas pero ya no puedo retroceder..."
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