Lucha Interior...

Y es que, todos, de alguna manera u otra, siempre echamos la vista atrás y buscamos en lo más profundo de la memoria esos acontecimientos que nos marcaron. Luego, acto seguido, buscamos lugares, personas, conversaciones, alguna cita de tal o cual persona, el mejor recuerdo de la infancia, el primer beso… y todas clase de momentos que puedan crear una estructura biográfica.
En la antesala del fin, se acumulan en la mesa-camilla fotos, libros, diapositivas, cuadernos, algún vídeo… Se hace revisión y se plantea volver a los lugares donde una fue feliz. El pueblo de los abuelos, la calle donde nació, el parque donde jugaba de pequeña, la ciudad donde estudió o aquella calle donde se cruzó con esa persona a la que no invitó a tomar un café y todavía ahora se arrepiente de no haberlo hecho.
Los recuerdos son parte inseparable, y tenerlos guardados en papel puede llegar a ser un salvoconducto que alguna vez nos salve y regale una sonrisa cuando el resto de tu memoria no sea más que una mirada gris a ningún lugar.
La autobiografía se escribe a golpe de mirada, aunque en mi caso, lo guarda cada día en pequeñas hojas de libreta roja; recuerdos y textos descriptivos en tres párrafos por semana. Saco a relucir mi necesidad imperiosa de ser humana, ésa que nace en lo profundo del recuerdo y persigue cada día, ansiosa de contar; y llegado el momento leer para arrancarnos a nosotros mismos esa sonrisa que no sabes que significa realmente.
Quizá en las palabras nazcan los recuerdos, o de ellas se instaure la forma que luego juega en nuestra cabeza. O a lo mejor, todo ésto de la autobiografía sea sólo una tontería que se escriba en una mañana con cierto color a nostalgia. Pero quiero pensar, que cuando escribo en esta libreta roída, me estoy encontrando con alguien desconocido, alguien que bien podría ser yo misma..


0 Comments:
Post a Comment
<< Home