"En cualquier situación puedes hacer siempre tres cosas. Decidir hacer algo, decidir no hacer nada, o no decidir en absoluto."
No, no sé de dónde es la cita. La he sacado de los cenagales de mi memoria, así que no creo que llegue a saberlo nunca, pero creo haberla escuchado en alguna película. Sólo la escribo (además de para parecer una intelectual) porque me he dado cuenta de que casi siempre nos acogemos a la tercera opción. Por término general, siempre procuramos esperar, posponer las decisiones hasta saber qué es lo correcto, mirando de reojo lo que hacen los otros.
Es parte de nuestra naturaleza. Un camino nuevo da mucho miedo. Por eso, siempre esperamos a que otros den un primer paso, para después seguirlos. Hacemos siempre cosas que otros han hecho ya antes, porque si no, nos sentimos inseguros. Supongo que es también culpa de la educación que nos han dado. En el occidente primer mundista en que vivimos, siempre se nos ha dado una sensación de protección. Siempre había gente ahí para decirnos lo que teníamos que hacer, sentir, ver, obviar, respirar. Nadie estudia, trabaja, vota o va a la iglesia porque esas cosas le llenen realmente, sino porque se siente obligado de alguna forma. Y lo peor de todo es que normalmente no nos obliga la conciencia, sino el qué dirán, y eso sí que es triste.
¿No es extraño que nos sintamos más tranquilos y felices haciendo aquello que nos obligan que haciendo lo que realmente deseamos? Todo lo que deseamos nos suele dar miedo. Miedo a hablar con esa chica/o, miedo a hacer ese viaje, miedo a mostrarnos tal como somos. Miedo al fracaso y al rechazo, en general. Así, en nuestra cultura de la seguridad, donde todo lo que debemos hacer/decir está ya prefijado y perfectamente documentado, donde sólo se equivoca el que no hace lo que los demás, nos sentimos perpetuamente aterrorizados. Un miedo visceral a salirnos del patrón, a hacer las cosas mal, a que esa entidad protectora que se ha convertido en nuestro nuevo Dios nos dé la espalda.
Supongo que no estoy diciendo nada nuevo, y que todo el mundo sabía esto ya desde hace mucho tiempo. Pero no viene mal verlo escrito de vez en cuando. Nos recuerda que, a pesar de saber cómo son las cosas, y que no nos gustan, no hacemos apenas nada por cambiarlas. Para acabar, y hacer un poco más erudito este post sobre un tema tan trillado, pongo otra cita, ésta de procedencia conocida (Arturo Pérez Reverte).
"Nunca hubo, como ahora, tanto gilipollas diciéndonos lo que debemos o no debemos comer, fumar, vestir, conducir, votar. Tantos idiotas creando opinión, neo-historiando, pasteleando, cediendo la palabra a otros idiotas, apuntándose a esto o a lo otro por el no vayan a creer que soy tal o no soy cual."
0 Comments:
Post a Comment
<< Home