Monday, February 12, 2007
Hay un estado de ánimo en psiquiatría que se conoce como "ilusión del indulto", según el cual el condenado a muerte, en el instante antes de su ejecución, concibe la ilusión de que le indultarán en el último segundo.
Muerte
Sentirla provoca la sensación de una existencia desnuda. La certeza de que no hay vuelta atrás, la sensación de fatalismo resultado de conocer cuál va a ser el desenlace de los acontecimientos. Desconozco el estudio que la psiquiatría hace de los procesos que padece un individuo al sentir la llegada de una muerte inminente. Pero podria ser: shok, ansiedad y apatía. Y tal vez, esto último, sirva de claro mecanismo de defensa para aislarse de la tragedia de la muerte, provocando el adormecimiento de las emociones y el sentimiento de que a uno no le importa ya nunca nada. En ese estado, la realidad se desdibuja, convirtiendose en algo terriblemente abrumador, y todos los esfuerzos y emociones se centran en una tarea básica: la conservación de la vida propia, al menos, hasta el último suspiro.Así, fácilmente se comprende que un estado de tal tensión junto con la constante necesidad de concentrarse en la tarea de estar vivos, fuerza a descender la vida a un nivel primitivo. Una vida primitiva que concentra el esfuerzo de perseverarla, lo que lleva un abandono total de lo que no sirviera para tal propósito, como el sentimentalismo y la sexualidad: todo el esfuerzo se auna para vivir, sobre todo si hay esperanza, aunque sea un infinitesimal resquicio.Y es que toda nuestra vida cambia, al sentir el aliento de Caronte cerca de nosotros. O bien, nos dejamos llevar por el destino y nos convertimos en cadáveres antes de morir, o bien, nos enfrentamos a la muerte a modo de camicace, o de una manera fria y calculadora, con terrible clarividencia. En este sentido, existe la posibilidad de enfrentar el dolor del drama de la muerte, como ya decía Spinoza: "La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como nos formamos una idea clara y precisa del mismo".Es importante tener esperanzas, sobre todo plantandole cara a la muerte. El hombre se deja vencer, porque no ve ninguna meta futura, porque asiente una mera "existencia provisional" y provoca la pérdida del dominio de la vida. Por ello mismo, es preciso darse cuenta que son en las situaciones excepcionalmente difíciles (como puede ser la de sentir la propia vida amenazada) lo que da al hombre la oportunidad de crecer humanamente más allá de si mismo.Y a veces, enfrentarse a la muerte puede librarnos de ella, como ilustra este cuento de "Muerte en Teherán"
En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con uno de sus criados, compungido éste porque acababa de encontrarse con la muerte, que le habia amenazado. Suplicaba a su amo par que le diera el caballo más veloz y así poder apresurarse y llegar a Teherán aquella misma tarde. El amo accedió y el sirviente se alejó al galope. Al regresar a su casa el amo tambien se encontro a la Muerte y le preguntó:
¿Por qué has asustado y aterrorizado a mi criado? -Yo no le he amenazado, sólo mostré mi sorpresa al verle aquí cuando en mis planes estaba encontrarle este noche en Teherán""Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo"
F. Nietzsche.
De nuevo, el dolor y el sufrimiento aparecen como un medio en la búsqueda de la intimidad y un aprendizaje por vivir en un mundo antes o despues efímero a nuestros ojos, pero que no le encontramos la grandiosidad hasta no sentir la amenaza de nuestra existencia....

