Escupiendo palabras

No me importa lo que pienses, lo que digas, lo que hagas porque todo me da igual...

Wednesday, December 27, 2006

Lágrimas de plástico azul que se pierden entre las olas..

Tristeza comprimida, esta vez con razón de ser. Semana de malas noticias acompañadas de atardeceres de magia difusa. Atardeceres que ya no me apetece ver sola.
Intento mirarme de lejos. Mi mundo gira al revés, no sé quién le ha cambiado el sentido. Observo atentamente. No encajo en mi vida… en la vida. O quizás es que no quiero encajar.Dicen que nací cabreada con el mundo. Hoy no estoy enfadada, solamente aturdida. Y triste. *Me cuesta entender por qué hay gente que me ve como una persona alegre y divertida, y sin embargo hay otras personas que creen que llevo la tristeza incrustada en los ojos. Opiniones cercanas que se contradicen.
Me voy a dormir, con las ansias de volar y desaparecer guardadas bajo la almohada.
“Hay noches estrelladas y días que se estrellan contra el suelo”.

Monday, December 25, 2006

Silencios...

"Existen muchas clases de silencios y cada uno de ellos significa algo distinto. Existe el silencio que acompaña la mañana en un bosque, diferente el silencio de una ciudad dormida. Existe el silencio después de un aguacero, y no es el mismo. Existe el silencio de la soledad, el silencio del miedo, el silencio de la duda. Existe un cierto silencio que puede emanar de un objeto sin vida, como una silla usada, o un piano con las teclas polvorientas, o cualquier cosa que haya correspondido a la necesidad de un hombre, ya sea por placer o por trabajo. Esta clase de silencio puede hablar. Su voz puede ser melancólica, pero no siempre es así; porque es posible que la silla la haya dejado un niño entre risas o las últimas notas de un piano fueran estridentes y alegres. Cualquiera que sea el modo o la circunsancia, la esencia de su cualidad puede persistir en el silencio posterior. Es un eco sin sonido." [Al oeste con la noche, Beryl Markham]El silencio de los sueños, este es el eco sin sonido que habita en mi mente.

Ni siquiera tengo ganas de gastar el tiempo en llorar...

Preludio de Bach. Tres voces que se persiguen entre sostenidos y bemoles. Fusas corriendo detrás de corcheras, blancas y negras enlazadas que aguantan el esqueleto del pentagrama. Metrónomo de lluvia. Silencios cortos, tiempos débiles para respirar.
Hoy te he vuelto a mirar. Desde lejos.
Cresciendo en la primera voz que culmina con el timbre agudo de un do. La mano izquierda sigue ahí abajo, en clave de fa. Tres octavas más arriba, tambalea el dedo meñique de la derecha durante una milésima de segundo, y resbala con inseguridad al si. Cae al la, luego al sol. Cogen velocidad las notas al deslizarse por la escalera buscando la gravedad. Más rápido, cada vez más… hasta que un sostenido de repente frena toda la intensidad.
He vuelto a verte algo especial, como cuando te miraba sin reconocerte.Se me encogen los pulmones, me cuesta respirar. Hace tres días llegué a decir que te odiaba.
Respiran los dedos, y poco a poco, empiezan a subir sigilosamente escalones de dos en dos. Diminuendo. Combinación de armónicos, ligeros agudos, graves ligados… Las corcheras se dilatan, han perdido el tiempo en el anterior compás.
Han sido unos pocos segundos, pero se ha parado el mundo. Sin darme cuenta he dejado de escuchar. La ansiedad no me dejaba hablar, no podía dejar de mirarte. Silencio estridente rebotando en mis oídos.
Se les acaba la voz a las teclas, pero aún se dejan tocar. Suaves sonidos, todos iguales, sin acentuar. Ritardando a cada nota… Do menor, acorde final.
No quiero sentir nada por ti.
Centrar la concentración en las teclas, en las respiraciones, los fortes y los pianos. Sentir como se desprende melodía de las manos. Dejarse llevar, y dejar de pensar. ¿Qué se siente?
Cierro los ojos. Cojo aire, y lo suelto lentamente por la nariz. Cuento hasta tres. Se me abren los párpados y empiezo a andar. Piso sin querer tu sombra. Sonrío mientras empiezo a cantar. El mundo gira, no me había dado cuenta, ya no estás.
*Nunca he podido imaginarme la vida sin música… Se me hace imposible...

Saturday, December 23, 2006

Sin respuestas...


Este silencio no es ausencia de mí, no es que me haya ido por la puerta de atrás del camerino aprovechando que no miraba nadie. No son las horas sin dormir, ni las esquinas de las calles de este ningún_lugar que se me han llevado demasiado lejos. No me ha malherido de nuevo la memoria ni me he desangrado de desgana hasta morir. No es el grito ausente de la víscera que se revuelve sin aire para respirar, ni el roce de la punta de unos dedos más allá de donde adornan las costillas.
Es sólo el otoño. Que me ha dispersado con el viento y la caída de las hojas hacia el paisaje invernal. Sólo el otoño, que alimenta mis semillas en el suelo. Que se lleva con el frío tantas cosas tras la lluvia en el cristal.
Sólo el otoño que, desnudo y gris, me atrapa hacia un invierno desnudo y sin abrigo.

Friday, December 22, 2006

Quizá hace un mes...

… Y ya podrían desangrarse en mis oídos las canciones, y hacerme sangrar con música y palabras que todo daba igual, de todos es de sobra conocido que cuando uno muere no le sangran ni los cortes ni los golpes que le puedan dar.
Así arrastré mis pies por el camino el día en que dejé olvidada en el armario la sonrisa para mis pestañas, y aquella lámpara de alcohol que hiciera recordar que existe un fuego que buscar cuando en por la punta de los dedos ya no viajan más que sombras.
Fueron tantas las vidas que perdí, tantas las manos que buscaban arrancarme de mi propia historia que aprendí el instinto de esquivar aquellas voces que gritaban que dejase de correr por las cuchillas del silencio, que me arrancaban a tirones de la oscuridad, y susurraban tenuemente que me estaba enmoheciendo en la memoria.
Hoy, en este pecho vacío, las heridas ya no sangran.
Y al fondo del pasillo una luz, quizá el reflejo de mí misma sonriendo desde el otro lado de la vida, invita a abandonar este pasillo de cristal y pies descalzos, este horror personal, este cajón desastre de puñales con un nombre, esta maldita ingenuidad, y grita:
Llega la primavera de tu nombre. ¡Sal!

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas...

Días vacíos y paseos bajo la lluvia durante una hora y media.Y una canción.Una sola canción que ha conseguido sacarme de este duermevelas sin sentido...

SINCE I TOLD YOU IT'S OVER, Stereophonics.

Black and blue from the wind and the rain
Said I'm sorry for the lies and the pain
I never ever meant to make you cry
If I could take you back, you know, I would,
I wanna burn up and die
So take a look at me now
Since I told you it's over
You got a hole in your heart
I'll find a four leaf clover
You can't tell me this now
This far down the line
That you're never, ever gonna get over me
You've seen a cross, it's a cross I bear
You're drinking, hard up, living without a hope or a care
You're making do to please, see what makes you smile
You're not around for long, you gotta see what's gonna move your
life right along
So take a look at me now
Since I told you it's over
You got a hole in your heart
I'll find a four leaf clover
You can't tell me this now
This far down the line
That you're never, ever gonna get over me
I'm lost
I'm cold
I'm getting old
My head is filled with lies I told
I've been down
I've been around
But I've fallen on my own two feet
And I've left you out to drown
I never meant for that
I look around, sometimes I stare
I think back now and then, I hope you know I care
I walked away that day, trying to treat you right
But you were on your track, it was me turning back, I left you
freezing outside
So take a look at me now
Since I told you it's over
You got a hole in your heart
I'll find a four leaf clover
You can't tell me this now
This far down the line
That you're never, ever gonna get over me
Never get over me
Never get over me
But you were on your track, it was me turning back, I left you
freezing outside
So take a look at me now
Since I told you it's over
You got a hole in your heart
I'll find a four leaf clover
You can't tell me this now
This far down the line [to fade]


(Gracias...)

Thursday, December 21, 2006

l'amour...

Aún en estos tiempos modernos y superficiales me atrevo a decir que Creo en el amor.Creo en el amor como forma de salvación y a la vez como el crimen perfecto. Asesinato y suicidio a la vez, pues creo en el amor entre dos personas, dañándose eternamente.Desecho todas las dulces teorías sobre el amor dulce. Teorías idealizadas que dicen que nunca harás daño a una persona que quieres. Reniego del amor perfecto pero creoCreo en el amor por encima de todas las cosas que se le puedan echar encima. Creo en el amor por encima de los celos, de las mentiras, de los engaños, del dolor.Creo en la traición. Creo en la traición y en los errores y creo en sus ventajas a largo plazo.Creo en las pausas largas. En dejar pasar los años, en modo de espera. Y creo que a la vuelta, a la vuelta está el amor, sentado sobre todas las cosas, esperando y expectante.
Creo en el amor que no compensa...

La vida empieza hoy, ya veremos que pasa mañana...


Construíste un mundo a mi medida, de color naranja, con olor a vainilla y sabor a leche. A cada paso llenabas mi vida de arena y agua de mar. Te tejí los ojos con besos mientras recorrias mi piel estudiándola cada vez como si fuese la primera. Llegaste a conocerme más que nadie, incluso más que yo misma y me asusté, me entró un ataque de pánico y me rendí, nos rendimos y aun nos faltaban algunos asaltos para terminar la vida. Necesito volver a enamorarme de otro pirata con nave-burbuja porque ya no puedes ver mi luz y dime, qué es un faro sin barcos a los que querer?

Wednesday, December 20, 2006

Estrellitas del Rock and roll

Se despertó con la boca pastosa y una gloriosa resaca. Su primer pensamiento fue que necesitaba otra raya de coca, pero lo desechó. Miró lentamente a su alrededor, tratando de contener las náuseas.Estaba en una cama enorme, con sábanas de seda. A su lado había un cuerpo femenino desnudo, que dormía a pierna suelta. Era una rubia artificial preciosa, o al menos lo había sido antes de que se le corriese el maquillaje y manchase la almohada con él. Caderas bien torneadas, cintura estrecha, pecho levantado con implantes de silicona, pubis bien depilado. Se había pasado la adolescencia soñando con mujeres como aquella.Fuera de la cama, la habitación era lujosa, pero necesitaba una buena limpieza. La alfombra de imitación de leopardo se había empapado con la botella de bourbon que yacía volcada sobre ella. El olor a whisky amenazó de nuevo la estabilidad de su estómago, pero logró contenerse.Trató de recordar la noche anterior.
Su memoria estaba compuesta de pequeños fragmentos de imágenes disueltos en drogas y alcohol. Habían dado un concierto que había salido genial. Habían bebido y fumado hasta reventar. Después, fiesta privada en el hotel. De algún modo aquella rubia había llegado a su cama. Escrutó el suelo en busca de cadáveres de preservativo, pero no encontró ninguno. En cualquier caso, no estaba de humor para preocuparse en esos momentos.Se levantó y caminó tambaleándose hacia el cuarto de baño. Había restos de vómito en el lavabo. Miró su cara en el espejo, y por más que se repitió, como siempre que veía su reflejo, que era un triunfador, no acabó de creérselo. De repente, una corriente de odio que había estado gestándose durante años lo arrolló.Odió aquel maldito hotel de lujo que podía pagarse. Aquella rubia de bote, similar a otro cientos de chicas que se habían acostado con él. No podía recordar el nombre de esta, ni de ninguna de las otras. No significaban nada, eran sólo cuerpos. Adornos, símbolos de su fama, como su rólex de oro o su ferrari. Ninguna de aquellas chicas lo amaba. No se acostaban con él, sino con el personaje que representaba en los escenarios. Se follaban su éxito, no a él. Si fuese un don nadie, ninguna de aquellas bellezas siliconadas se le hubiese acercado siquiera.
Odió los conciertos, a los fans, a los demás integrantes del grupo, los flamantes instrumentos, a su mánager, sus contratos millonarios, esas canciones comerciales que no sentía como suyas y que no hacían más que sonar en todas las emisoras de radio. Se sintió sucio, vacío, carente de sentido. No amaba nada de lo que hacía. Daría lo que fuese por volver a aquellos tiempos inciertos en los que soñaba con ser estrella del rock.Se dijo que todo estaba en su mano. Salió de cuarto de baño a trompicones, arrastrado por su resolución.
Dio una patada a la botella de la alfombra y llamó a su agente financiero. En su contestador dejó dicho que donase todos sus fondos a obras de caridad y que se buscase un nuevo empleo. Supuso que se lo tomaría como una broma, pero no le importó. Se vistió, cogió el poco dinero que encontró en el cajón, y se echó al hombro su vieja guitarra acústica, esa que siempre llevaba a las giras porque le traía buena suerte.Mientras salía del hotel, nadie lo reconoció. Atrás había quedado todo: su grupo, sus tarjetas de crédito, su teléfono móvil, él mismo. Cuando salió a la calle camino de cualquier parte miró hacia arriba, el sol le dió en la cara, y sonrió...
En resumen, a veces es triste ser una estrellita del rock... muchos por desgracia, no se dan cuenta de lo que tienen, hasta que lo pierden... por suerte, aún existe gente que lucha por el rock sin dejarse eclipsar por la fama y se mantienen tan auténticos como siempre:)

Botelleo...

Las medidas contra el botelleo siguen endureciéndose en Santander. Y sí, digo botelleo, porqué así me lo aprendí yo cuando empecé a beber en la calle, y siempre me ha parecido una palabra mucho más lógica para definirlo que "botellón". Yo soy de ciencias, pero mientras que botelleo suena claramente a una acción que se realiza con botellas, botellón es, obviamente, una botella grande.
Consideraciones semánticas aparte, no entiendo por qué de repente se ha convertido en un fenómeno tan mediático. ¿Es que nunca antes en la historia se había bebido en la calle? Porque cuando yo empecé no salíamos por la tele. Y la policía venía sólo si se quejaba algún vecino del ruido que hacíamos. Y no había multas. Y si yo me pedía una cerveza en un bar y me apetecía ir a otro sin acabármela, la podía llevar por la calle sin problemas.
El botelleo, al contrario de lo que los medios nos venden, es mucho más una práctica social que simplemente emborracharse en la calle y hacer el gamberro. Todo esto lo explica muy bien el señor Psicobyte en su artículo. Que bajen los precios de las copas en los bares. Y que bajen también la música, para que se pueda hablar. Mientras siga siendo más barato e interesante beber en la calle, ya pueden venir los geos a intentar detener a la gente, que lo piensan seguir haciendo.
Respecto a las normas en Santander, se ha prohibido vender alcohol a partir de las 10 de la noche (todos los chinos a arruinarse, qué le vamos a hacer) y se ha aumentado la vigilancia en las zonas de tascas. Y a los jóvenes, ¿qué se nos ocurre para demostrar que el botelleo es un práctica que, bien hecha, no tiene por qué molestar o que generar más basura que cualquier otra? Pues organizar macro-botellones por toda España y hacer el vándalo en ellos. Así somos las generaciones educadas por la tele y los videojuegos.
Y sí, sé que siempre hablo de las cosas cuando ya hace tiempo que han pasado, pero es que sostengo que las cosas se ven mejor con perspectiva. ¡Y feliz navidad!

Derritiéndome sobre el teclado...

Cada día más vieja. En momentos de silencio, rememoro todo lo que he perdido, como si ya no me quedase nada que vivir. Parada al final de mí misma, que decía Sabina. Expongo, cuidadosamente, todos mis miedos sobre la mesa. Los miro. Los acuno. Los mimo, y los vuelvo a colocar con sumo cuidado en el lugar que les corresponde en mi corazón. Tal vez se me esté envenenando el alma de tanto pensar.No puedo hacer mucho más. Las hojas que debería estudiar crecen día a día, al mismo ritmo que mi sentimiento de culpabilidad por no estar haciendo lo que puedo. Una manto de desesperanza cubre mis apuntes, sepultando cualquier esperanza de beca.
Poco a poco, el alcohol se va convirtiendo en una forma de vida. La juerga deja de ser un fin para convertirse en un medio. Una rutina necesaria, como ducharse o desayunar. Debo haber perdido mi entusiasmo. Salgo siempre a un desfile de caras aprendidas de memoria, a revivir las mismas conversaciones de siempre, conversaciones de palabras gastadas que dejan un regusto a rancio entre los dientes. No quiero volver a decir "¿como va eso?" nunca más.Pero sigo saliendo. Sigo viéndole a el, y a el, y a el. Y a cada paso vuelvo a pensar lo que he perdido, mientras la esperanza de recuperarlo no termina de morir, pero tampoco hace nada por convertirse en realidad. Debería olvidarme, pero tampoco serviría de nada. No tengo nada ahí delante a lo que mirar. Añorar el pasado es mejor que sentirse vacía. Supongo.Intento escribir algo que valga la pena, algo que pueda releer después y sentirme orgullosa. Pero no lo consigo, desde hace demasiado ya.
Cada vez que apoyo mis dedos en el teclado vuelve a salirme esta mierda de autocompasión. Lo único bueno de autocompadecerse es que ya no necesitas la compasión de nadie, lo cual siempre es un alivio. Siempre he odiado dar lástima. Por eso me disfrazo ante la gente y me desnudo ante el teclado.Las dos versiones son falsas. Ni estoy tan bien como digo, ni tan mal como escribo. Pero de alguna manera tengo que compensar todas esas sonrisas que me grapo en la cara y de las que mi corazón nada quiere saber.

El cristal con el que miro...


Por norma general, tiendo a ver mi vida como un enorme pozo de mierda en el que haga lo que haga todo se acaba jodiendo. Supongo que esta manera de entender el mundo me ayuda de alguna forma, aunque aún no entiendo exactamente cómo.Otras veces, sin embargo, me doy cuenta de lo tremendamente sencillo que es todo. Que siempre me preocupo por las cosas que menos importan, y dejo de lado las que verdaderamente valen la pena. Que sólo hay una persona cuya opinión debería interesarme, y soy yo misma. Lo que piensen, digan o hagan los demás es enteramente problema suyo. Y que las cosas sólo valen la pena si lo hacen a una crecer o sentirse mejor consigo misma.

Tuesday, December 19, 2006

Filosofía barata...

Siempre me ha dado pánico tomar decisiones. Supongo que esto tiene mucho que ver con mi visceral miedo a equivocarme, entre otras cosas. Por eso cuando me preguntan sobre qué prefiero hacer o a dónde me gustaría ir, a no ser que lo tenga muy claro, digo "me da igual" para salir del paso. Y lo peor es que realmente me autoconvenzo de que no me importa, cuando un análisis un poco más profundo desvela que, obviamente, una de los opciones me gustaba más que la otra.
El asunto es que, si es otro quien elige, siempre se le puede echar la culpa si las cosas salen mal. Con las elecciones importantes respecto a mi vida hago más o menos lo mismo: siempre retraso todo lo posible el momento de tomar la decisión, sobre todo si sé que una vez que elija ya no habrá vuelta atrás. Normalmente, espero hasta que sólo una de las opciones es posible, y entonces la tomo fingiéndome resignada. Así, si las cosas salen mal, siempre podré culpar a mi mala suerte.Y es que es muy triste ser un cobarde, pero también muy sencillo. Recuerdo que Homer Simpson (uno de mis pensadores favoritos) dijo, en relación a un examen para el que no había estudiado: "Me he pasado toda la noche madurando un plan. Durante el examen me esconderé debajo de los abrigos y confiaré en que, de algún modo, todo se solucione". Es increíble la cantidad de personas que, a menor escala, también actuamos así. La vieja técnica del avestruz.
Y este último párrafo debería ser una moraleja del estilo " y una declaración de buenas intenciones como ""lo importante es tomar nuestras propias decisiones, porque aunque nos equivoquemos, podremos aprender de ello, etcétera! a partir de hoy, prometo coger a la vida por las orejas, nadar contra corriente y perseguir mis sueños hasta que bla bla bla". Pero en el fondo, es muy posible que no sea capaz de cumplir mis propias promesas conmigo misma, así que mejor no me hago ninguna. Si consigo convertirme en una valiente, os lo haré saber.

Monday, December 18, 2006

aprufff...



histeria:


1.- enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos

2.- estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala

Tuesday, December 12, 2006

Solo al final del corredor miro las fotos que retrataron mi alma...

Tenía miedo a enfrentarme a esta misma pantalla tras este puente, a ese "folio en blanco" imaginario que se ha convertido la pantalla del ordenador cada vez que empiezo a redactar sobre lo que me acontece.
Recuerdo que hace años, cuando más insegura me sentía y mi ente vagaba sin rumbo esperando encontrar alguna señal que diera sentido a todo esto, apareció con más fuerza en mi vida la figura de Leo. Él, es un chaval que vive de la música, del reducido círculo de amistades que se pueden formar y mantener diariamente girando en torno a esas experiencias. Su ámbito vital es tremendamente limitado, ya que tan solo se presta a cuanto allí acontece, es extremadamente abierto, celoso de su intimidad y en ocasiones asocial, sin embargo, su sabiduría resulta casi ilimitada. Gustaba de analizar el porqué de las cosas, las relaciones entre personas, disfrutaba comprendiendo al "otro" y tratando de desgranar que nos impulsa a actuar como lo hacemos. A fuerza de ver pasar personas tan y tan dispares, Leo ya casi comprendía y clasificaba como éramos, o como podríamos llegar a ser, el resto de los mortales. De su obsesión casi enfermiza nació también un gran sentido de responsabilidad, de ayudar a quién lo necesita y una capacidad de ejercer crítica y autocrítica con el fin de hacer a todos una convivencia más fácil.
Con todas sus fobias, su nula capacidad para aceptar otras realidades, su exigencia límite o su más que dudosa "Fe ciega" en ciertas personas, acabé aceptando y admirando lo mejor de él, y a ciencia cierta puedo decir, que con el tiempo me alegran mucho los años estando juntos. Recuerdo, que cuando mi carácter impulsivo y visceral se manifestaba, él me proporcionaba tila relajante en forma de sabios consejos, cuando la impaciencia me invadía eran sus palabras las que hacían llevadera la espera. Y así, en lo personal, cuando me lamentaba de cuanto me había tocado pasar ese año, me convencía de que no era para tanto, de que seguro, llegarían buenas nuevas y atardeceres compartidos, cuando mi ego se revolcaba por cualquier ciénaga, él me recordaba lo mucho que valía (joder, me enseñó a quereme como nunca me había querido a mí misma) y cuando era capaz de volar creyéndome Superwoman, él me recordaba que de Superwoman nada, y que más me valía no perder la humildad que nos debería caracterizar a todos.
Pasado el tiempo, y sufriendo el lógico distanciamiento consecuencia de nuestros propios y diferentes intereses, empecé a sustituir a Leo por una conciencia interna muy a su estilo. Y así, cuando trato con alguien y me siento superior, me repito a mí misma que nos ayudamos para comer por el mismo número de manos, respiramos por una sola nariz y miramos, lloramos y nos emocionamos con el mismo número de ojos. Del mismo modo, cuando me siento una mierda suelo decirme que cuando quise tuve valor para enfrentarme a todo, y a veces, solo a veces, salí airosa de la confrontación y miré al mundo poderosa y reconfortada conmigo misma.

No han sido, ni son, mis mejores días, ni mucho menos (en esta ocasión lo guardo para mí, disculpad). Por eso, cuando me veo débil, tremendamente insegura o con el alma desencantada, vuelvo a apelar a esa conciencia que me forjé dentro, heredada de mi buen amigo, que me dice que no me asuste, que no me queje como Calamaro de que no me pregunten si "sufro, si lloro o si tengo una pena que hiere muy hondo", que lo mejor que puedo hacer es volver a convencerme de mis posibilidades, de que tengo valor y motivos para estar orgullosa de mí misma, más valor incluso que nadie, y ante todo, que por mucho palos que me de la vida no vuelva jamás a sentirme esa payasa triste que necesitó un Leo real que le golpeara la cara buscando una reacción. Valentía, entereza, amor propio, humildad y una sonrisa permanente... es todo cuanto necesito. Es todo cuanto me enseñaste.

Va por mí Leo; y por ti también, amigo.

Monday, December 11, 2006

Devorando versos...

El viento está enfadado y no me deja dormir. Ojalá soplase tan fuerte que mi habitación se desenganchara del edificio y desapareciese. Hoy tengo los huesos congelados y me molestan las pestañas. Esa noche las sonrisas y la música solo fueron agradables en el momento revival, sus manos más frías que nunca y mi cabeza estaba en otro mundo, o tal vez estaba demasiado en este. Hey angel, can we dance on the edge of this disaster? Hay demasiadas cosas naranjas, sobretodo en otoño, y tu estás en cada una de ellas. Mi mente esta llena de auroras boreales y quizá deberia mandarlo todo a la mierda...

Wednesday, December 06, 2006

Sorpresas, sin palabras...


Feliz, gracias Alberto!

:)

http://www.youtube.com/watch?v=YD0IdtjpmsI

Tuesday, December 05, 2006

Nada nuevo bajo el sol...

"En cualquier situación puedes hacer siempre tres cosas. Decidir hacer algo, decidir no hacer nada, o no decidir en absoluto."
No, no sé de dónde es la cita. La he sacado de los cenagales de mi memoria, así que no creo que llegue a saberlo nunca, pero creo haberla escuchado en alguna película. Sólo la escribo (además de para parecer una intelectual) porque me he dado cuenta de que casi siempre nos acogemos a la tercera opción. Por término general, siempre procuramos esperar, posponer las decisiones hasta saber qué es lo correcto, mirando de reojo lo que hacen los otros.
Es parte de nuestra naturaleza. Un camino nuevo da mucho miedo. Por eso, siempre esperamos a que otros den un primer paso, para después seguirlos. Hacemos siempre cosas que otros han hecho ya antes, porque si no, nos sentimos inseguros. Supongo que es también culpa de la educación que nos han dado. En el occidente primer mundista en que vivimos, siempre se nos ha dado una sensación de protección. Siempre había gente ahí para decirnos lo que teníamos que hacer, sentir, ver, obviar, respirar. Nadie estudia, trabaja, vota o va a la iglesia porque esas cosas le llenen realmente, sino porque se siente obligado de alguna forma. Y lo peor de todo es que normalmente no nos obliga la conciencia, sino el qué dirán, y eso sí que es triste.
¿No es extraño que nos sintamos más tranquilos y felices haciendo aquello que nos obligan que haciendo lo que realmente deseamos? Todo lo que deseamos nos suele dar miedo. Miedo a hablar con esa chica/o, miedo a hacer ese viaje, miedo a mostrarnos tal como somos. Miedo al fracaso y al rechazo, en general. Así, en nuestra cultura de la seguridad, donde todo lo que debemos hacer/decir está ya prefijado y perfectamente documentado, donde sólo se equivoca el que no hace lo que los demás, nos sentimos perpetuamente aterrorizados. Un miedo visceral a salirnos del patrón, a hacer las cosas mal, a que esa entidad protectora que se ha convertido en nuestro nuevo Dios nos dé la espalda.
Supongo que no estoy diciendo nada nuevo, y que todo el mundo sabía esto ya desde hace mucho tiempo. Pero no viene mal verlo escrito de vez en cuando. Nos recuerda que, a pesar de saber cómo son las cosas, y que no nos gustan, no hacemos apenas nada por cambiarlas. Para acabar, y hacer un poco más erudito este post sobre un tema tan trillado, pongo otra cita, ésta de procedencia conocida (Arturo Pérez Reverte).
"Nunca hubo, como ahora, tanto gilipollas diciéndonos lo que debemos o no debemos comer, fumar, vestir, conducir, votar. Tantos idiotas creando opinión, neo-historiando, pasteleando, cediendo la palabra a otros idiotas, apuntándose a esto o a lo otro por el no vayan a creer que soy tal o no soy cual."

Las lágrimas no piden explicación, se explican solas...

Tenía ganas de gritar, de arrancarse el mundo de sus brazos, de romper las barreras y hacerse oír. Tenía ganas de desgarrar el viento y el sonido, de destrozar edificios, paredes, muros, de chillarle a todos que se callaran, que se callaran de una vez, que la dejaran en paz, que la abandonaran allí mismo si querían. Tenía ganas de llorar.Estaba harta de que todo acabara del revés y de toda aquella mierda que la rodeaba. Porqué no decirlo... Estaba harta de la MIERDA que la rodeaba. De la injusticia, de los cabreos, las niñerías, las fantasías rotas, los sueños intactos por incumplidos, las ilusiones frustradas, los desengaños constantes... No quería descubrir ni una puñetera letra más de aquella obra de teatro, no quería saber nada más de toda aquella sarta de mentiras, no quería volver a pisar aquellos caminos que transitaba, no quería nada, nada, nada, nada... Es curioso lo que pasa cuando no puedes entender lo que sucede a tu alrededor, cuando el tiempo vuela tan rápido que ya no te queda ni una mínima esperanza de regresar a aquél pasado que siempre fue y será mejor. Es curioso sentirte llena y rebosante de RABIA...