Las medidas contra el botelleo siguen endureciéndose en Santander. Y sí, digo botelleo, porqué así me lo aprendí yo cuando empecé a beber en la calle, y siempre me ha parecido una palabra mucho más lógica para definirlo que "botellón". Yo soy de ciencias, pero mientras que botelleo suena claramente a una acción que se realiza con botellas, botellón es, obviamente, una botella grande.
Consideraciones semánticas aparte, no entiendo por qué de repente se ha convertido en un fenómeno tan mediático. ¿Es que nunca antes en la historia se había bebido en la calle? Porque cuando yo empecé no salíamos por la tele. Y la policía venía sólo si se quejaba algún vecino del ruido que hacíamos. Y no había multas. Y si yo me pedía una cerveza en un bar y me apetecía ir a otro sin acabármela, la podía llevar por la calle sin problemas.
El botelleo, al contrario de lo que los medios nos venden, es mucho más una práctica social que simplemente emborracharse en la calle y hacer el gamberro. Todo esto lo explica muy bien el señor Psicobyte en su artículo. Que bajen los precios de las copas en los bares. Y que bajen también la música, para que se pueda hablar. Mientras siga siendo más barato e interesante beber en la calle, ya pueden venir los geos a intentar detener a la gente, que lo piensan seguir haciendo. Respecto a las normas en Santander, se ha prohibido vender alcohol a partir de las 10 de la noche (todos los chinos a arruinarse, qué le vamos a hacer) y se ha aumentado la vigilancia en las zonas de tascas. Y a los jóvenes, ¿qué se nos ocurre para demostrar que el botelleo es un práctica que, bien hecha, no tiene por qué molestar o que generar más basura que cualquier otra? Pues organizar macro-botellones por toda España y hacer el vándalo en ellos. Así somos las generaciones educadas por la tele y los videojuegos.
Y sí, sé que siempre hablo de las cosas cuando ya hace tiempo que han pasado, pero es que sostengo que las cosas se ven mejor con perspectiva. ¡Y feliz navidad!
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