Cada día más vieja. En momentos de silencio, rememoro todo lo que he perdido, como si ya no me quedase nada que vivir. Parada al final de mí misma, que decía Sabina. Expongo, cuidadosamente, todos mis miedos sobre la mesa. Los miro. Los acuno. Los mimo, y los vuelvo a colocar con sumo cuidado en el lugar que les corresponde en mi corazón. Tal vez se me esté envenenando el alma de tanto pensar.No puedo hacer mucho más. Las hojas que debería estudiar crecen día a día, al mismo ritmo que mi sentimiento de culpabilidad por no estar haciendo lo que puedo. Una manto de desesperanza cubre mis apuntes, sepultando cualquier esperanza de beca.
Poco a poco, el alcohol se va convirtiendo en una forma de vida. La juerga deja de ser un fin para convertirse en un medio. Una rutina necesaria, como ducharse o desayunar. Debo haber perdido mi entusiasmo. Salgo siempre a un desfile de caras aprendidas de memoria, a revivir las mismas conversaciones de siempre, conversaciones de palabras gastadas que dejan un regusto a rancio entre los dientes. No quiero volver a decir "¿como va eso?" nunca más.Pero sigo saliendo. Sigo viéndole a el, y a el, y a el. Y a cada paso vuelvo a pensar lo que he perdido, mientras la esperanza de recuperarlo no termina de morir, pero tampoco hace nada por convertirse en realidad. Debería olvidarme, pero tampoco serviría de nada. No tengo nada ahí delante a lo que mirar. Añorar el pasado es mejor que sentirse vacía. Supongo.Intento escribir algo que valga la pena, algo que pueda releer después y sentirme orgullosa. Pero no lo consigo, desde hace demasiado ya.
Cada vez que apoyo mis dedos en el teclado vuelve a salirme esta mierda de autocompasión. Lo único bueno de autocompadecerse es que ya no necesitas la compasión de nadie, lo cual siempre es un alivio. Siempre he odiado dar lástima. Por eso me disfrazo ante la gente y me desnudo ante el teclado.Las dos versiones son falsas. Ni estoy tan bien como digo, ni tan mal como escribo. Pero de alguna manera tengo que compensar todas esas sonrisas que me grapo en la cara y de las que mi corazón nada quiere saber.
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